miércoles, 1 de marzo de 2017

In memoriam... Carlos Gardini

Llevaba mucho tiempo sin subir una entrada de este tipo pero, no hoy no lo puedo evitar. Reconozco que, a pesar de haber leído únicamente Tríptico de Trinidad, quedé tan fascinado que mete ido comprando todas las novelas suyas que he podido encontrar.
Hoy ha fallecido Carlos Gardini y, desde aquí, brindo a us familiares mi más sentido pésame y a él toda la Luz que pueda aportarle allí donde esté.

D. E. P. Carlos Gardini.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Saliendo de la estación de Atocha me encontré con "La Multa"

A día de hoy sigo sin tener demasiado claro porqué leí esta novela. Simplemente leí un artículo en alguna parte, que hablaba de una nueva generación de escritores: la generación Alt Lit, que incorpora a su literatura las jergas y modos de la nueva tecnología, así como las últimas modas y tendencias juveniles.
Tenía otros autores en mente, pero no quería comprar ningún libro de este estilo, no me apetecía albergar ninguno de sus libros en mis estanterías, al menos de momento, así que busqué en la biblioteca del barrio y encontré este Saliendo de la estación de Atocha, de Ben Lerner, cuyos elogios de contraportada me llamaron la atención. Es una buena novela, no lo voy a negar, que me enganchó pese a no pertenecer a mi gusto literario y, por tanto, tampoco la voy a recomendar, pues creo que ciertamente me atrapó pero pasado el tiempo (casi un año) no quedan posos en mi memoria que me hagan alabarla aunque guarde muy buen recuerdo de ella.
Todo lo contrario que el vino con el que acompañé su lectura: La multa, un vino de Norrel Robertson, "el escocés volante" que al primer trago me hizo soltar un "¡Ostias, qué fuerte!" y, poco a poco, me fue maravillando hasta tal punto que quedé absolutamente fascinado, aunque tampoco se lo recomendaría a nadie así de primeras.

La novela trata de un joven estudiante americano que se traslada a Madrid para efectuar unos estudios de investigación sobre literatura española influenciada por la Guerra Civil. Reside muy cerca de la estación de Atocha, de ahí el título del libro, y desde este punto partirá par darnos a conocer el barrio y a sus gentes, al tiempo que se relaciona con círculos de intelectuales tanto en exposiciones como en fiestas.
Vamos, algo así. Tampoco es que lo recuerde demasiado bien.

Ben Lerner me pareció un buen escritor. Con una prosa aguda y afilada pero, sobre todo, certera. Va a los hechos sin poner un renglón de más pero consiguiendo llenar de imágenes sus palabras. Su estilo resulta elegante pero, al mismo tiempo, muy moderno dentro de una cierta intelectualidad, claro.
Resulta muy interesante como Lerner refleja la realidad de los jóvenes intelectuales de hoy en día, aquellos sobradamente preparados que salen de sus ciudades y países para mejorar su formación pero que, con ayudas económicas externas, ponen esta formación en segundo lugar para, en primer orden, situar el ansia de vivir y disfrutar de los placeres de su juventud y ubicación geográfica.
De hecho sus estudios servirán de excusa al protagonista para codearse y disfrutar de la vida con otros animales con las mismas inquietudes que él. 

En este momento no puedo evitar recordar como disfruté yo de la botella de vino que bebía lo largo de la lectura de este libro: La multa. Es más, os lo voy a contar y luego sigo con el libro.
Se trata de un vino monovarietal de Garnacha de viñas viejas de la D. O. Calatayud. Es un vino barato (5,50€). La añada 2013 presentaba en el momento de su degustación un color rubí brillante y limpio muy vivo y conservaba ciertos tonos cardenales en el ribete. Capa alta, es decir, imposible ver letras a su través.
Se trata de un vino potente que, en primera instancia, llena la boca de alcohol. La fruta ocupa un segundo lugar pero se percibe claramente, aunque predominan las especias (pimienta, clavo) y los tostados con un claro tono licor oso.
Es un vino con cuerpo, cálido, amable pero agradable para mi gusto. Presenta buena acidez que llega a confundirse con salinidad. Finalmente unos taninos buenos aunque algunos rudos dejan el regusto final a una fruta fresca en la boca. Es un vino muy complejo e interesante pero, reconozco que, no para todo el mundo.
Bueno, y después de explicar lo tonto que me pongo con un vino, volvamos a la novela.

Como decía, el protagonista disfruta de los placeres de la vida, fiestas, tabaco, ciertas drogas, sexo, etc. De hecho uno de los puntos que no he soportado de la novela ha sido éste. No hay ni una sola escena, ni una sola página en la que Adam no se encienda un cigarrillo o un porro. No me importa que lo haga pero, ¡Joder, ¿tantas veces?!
De este modo, Adam se paseará por Chueca o la Plaza de Santa Ana utilizando la marihuana como una excusa para reflexionar acerca de sus estudios, su valía y su identidad, y la de todo lo que lo rodea.
Se verá asimismo inmerso en los importantes hechos del 11-M y las conversaciones telefónicas con sus padres nos darán una visión también de la ideología de la juventud americana frente a la de sus padres.
Pero todo esto no hace que nos encontremos ante una novela seria. Se trata en realidad de una novela de aprendizaje, de evolución personal pero visto desde un prisma satírico, pues el autor se encarga de desmitificarlo todos los estereotipos multiculturales que acompañan a la "clase" intelectual.
Así, nos encontraremos con un estudiante que es tratar como un poeta por el mero hecho de ser un estudiante americano mientras él, se plantea si realmente esta preparado para asumir la responsabilidad de dicha disciplina.
Nos encontramos con un personaje más perdido que una paraguaya en Madrid, que no entiende la mitad de lo que le dicen en castellano y que, aun así, intenta salir adelante como puede.Lo veremos leer literatura clásica española, y sentarse en la azotea de su edificio a ver pasar las horas mientras fuma porros (una envidiable escena, en mi opinión); lo veremos divertirse y poco estudiar pero, sobre todo, en el fondo, para quien lo quiera ver, nos mostrará una realidad que está en la sociedad que nos rodea y dentro de cada uno de nosotros: la de saber quien somos, que hacemos, y que queremos hacer.
IMHO una novela bien escrita, divertida y entretenida, que no es poco.

lunes, 30 de enero de 2017

Los que ignoran catan Gaba do Xil

No había leído nada de Roberto Alhambra, pero el que hubiese escrito varias novela en el mundo de Glorantha, me atraía poderosamente. Llevaba ya algún tiempo detrás de estas novelas, pero aprovechando la pasada FFF'16 y la presencia allí del autor, aproveché para comprar la nueva edición de este "Los que Ignoran" a un precio excepcional y, por supuesto, con dedicatoria. Me encontré además con un compañero al que hacía, por lo menos, 10 años que no veía (de hecho fue a él a quien compré el libro), así que la visita a la feria fue más que fructífera.
Y, en este caso, y teniendo en cuenta que Roberto reside actualmente en Ourense, decidí acompañar la novela con un vino de aquellas tierras para que él, que siempre está liado con sus Books and Beers, se anime a darle una oportunidad también al vino que tiene por allí. Se trata del Gaba do Xil de Telmo Rodríguez.

La trama, en principio, es bastante sencilla de resumir:
El imperio ha llegado a un nuevo continente allende los mares y pretende colonizarlo. Para ello ha enviado al almirante Alara para que inicie los trabajos de recolección de materias primas y supervise a los nativos. Evidentemente, se encontrará con una sorpresa.
Por otro lado nos encontraremos con los Guinakos, el antiguo reino que se rindió y anexionó al imperio, que quieren ahora recuperar su independencia.
Más no puedo contar.

Para empezar diré que me ha sorprendido el estilo de Roberto. Había leído en múltiples sitios que era muy parecido al de Joe Abercrombie, no en vano el autor se declara ferviente admirador de @LordGrimdark. A raíz de esto, decidí leer La primera Ley, a fin de comprobarlo e IMHO, no es así. Y fíjate que te digo, que me gusta más como escribe Alhambra que Abercrombie. No es que este último lo haga mal, válgame el cielo, pero su estilo me resulta mucho más simplón y acomodaticio. Es más depurado en Alhambra, marcando muy bien los tempos y provocando una lectura rápida y muy ágil pero que se debe embocar como un buen vino. En el caso de Abercrombie, la lectura me parece de carrerilla, entra sola, sin proponértelo, mientras que el autor de Los que Ignoran parece medir mejor las palabras y las pausas.
Vale, es cierto que hay algún parecido más que evidente entre cierto personaje de Los que ignoran y otro de La Primera Ley pero, ¿y qué?, está realmente bien logrado y el carisma del personaje en cuestión es apabullante (en ambos casos).
Y ya que he mencionado lo que su lectura se debe degustar como un buen vino... me anime a abrir una botella de Gaba do Xil, añada 2015 que tenía en casa. Vino monovarietal de uva Modelo de la D.O. Valdeorras y con un porcentaje de alcohol de 13,5º (7€).
El color que presentaba en la copa era de un amarillo pajizo con tonalidades verdosas y un robe transparente. Límpido y cristalino, sin turbidez ni defectos de color.
Al probarlo me inundo una explosión de manzana, pera, ciruela claudia y melón muy fresco. Con un toque perfecto de acidez. De un paso muy suave y ligero que hizo que bebiese más de los esperado de seguido. La persistencia en boca no es demasiado larga, pero deja recuerdos florales muy agradables. Es una auténtica delicia. Un vino tan ligero que ni siquiera parece un vino de lo bien que entra.
Ante esta experiencia sensorial era evidente que si el libro conseguía hacerme evocar la fantasía de Alhambra resultaría una aventura sensacional. Y así lo fue.
Jajaja, me flipo yo sólo. Volvamos con el libro.

Se trata en mi opinión de una primera y segunda parte en las que Roberto sienta las bases para lo que vendrá, haciendo un ejercicio de contención para no desvelar todo lo que tiene en mente y, al mismo tiempo, ir dejando retazos continuos de un buen worldbuilding que, cada poco, suelta una perla que te anima a querer saber más.
He leído varias veces que se trata de una novela de corte renacentista. No sé. A mi se me asemeja más a un mundo con tintes árabes y orientales, en todos los sentidos, pese a que los tejemanejes palaciegos nos resulten Machiavelli, general, me ha gustado verla como una mezcolanza de culturas en la que predomina la árabe.
Por otro lado, se trata también de una novela con personajes realmente bien creados. Todos ellos tienen el recorrido adecuado y carisma suficiente para ser protagonistas independientes, al tiempo, que cada uno genera su propia trama, que supongo acabará confluyendo en un final que se me antoja puede ser apasionante.
Poco más quiero decir de los personajes pues todos ellos me parecen muy buenos.

Otro acierto resulta el sistema mágico, ya que no es magia Ad hoc, sino algo de estructura más delicada.
Existen cinco gremios denominados como "los que...", cada uno de ellos tiene un talento innato acorde a este nombramiento que, en algunos casos, pisa la frontera entre la magia y la habilidad especial, otorgando una sutileza muy interesante al sistema social. Si, si, al sistema social, digo bien, pues algo que prevalece en la novela, al margen de otras cosas son las disputas e intrigas políticas tanto a nivel palaciego como interracial, y el sistema de gremios resulta sumamente importante en estos tejemanejes.
Evidentemente todos los gremios resultan molones, pero no perdáis de vista a Los que huelen, harán las delicias de todo aficionado a la fantasía.

Como he dicho antes Alhambra maneja bien los tempos narrativos y, a través de capítulos cortos titulados como últimamente suele ser habitual tras la llegada de CdHyF (en este caso, en lugar del nombre de un personaje, el autor utiliza el del gremio), nos va intercalando la acción, con el descubrimiento, o las intrigas de palacio.
Acción, por otro lado, soterrada y no desbocada. El autor, como el buen narrador que de momento parece ser, va dejando entrever lo que va a suceder hasta un final explosivo en el que deja claro que la acción sin fronteras se encuentra en las continuaciones, pues todas las tramas han confluido hacia un desarrollo de enfrentamiento.
De hecho, los sucesos acaecidos con respecto a los nativos hacen prever una buena dosis de diversión. Son tantas las líneas de acción que, si sigue con el formato de novela corta que presentan estas dos primeras entregas, me resulta difícil que el autor pueda encontrar un final satisfactorio para todas ellas en corto número de novelas, salvo que haga un ejercicio de contención narrativo importante.

En fin, escribo esta reseña bastantes meses después de haber leído las novelas y, si bien es cierto, que en su momento no me pareció del todo redonda, si que recuerdo que me enganchó y me mantuvo en vilo, algo que no puedo decir de mucho de lo que he leído últimamente (aunque es verdad que la fantasía épica, heroica, medieval, o como quieras llamarla se va alejando despacito, despacito de mi vida).

En definitiva, se trata de un par de novelas que animo a leer sin tardanza. De lectura rápida y muy ágil y con todos los ingredientes de una buena novela de fantasía. Cortas, sin volúmenes de 800 páginas, cada uno que te quitan la vida. Por mi parte seguiré leyendo a Roberto Alhambra si lo sigue haciendo así de bien.
Vamos, ardo en deseos de que, habiendo publicado ya la tercera parte, termine la cuarta para poder comprarla en el mismo formato. ¡Qué ganas!

Enhorabuena Roberto.

martes, 20 de diciembre de 2016

La esfera de Boltzmann

Después de un período corto de vacaciones, dos meses de obras, otro mes de preparación para oposiciones y, por que no decirlo, tras las opos, dos meses de indescriptible pereza; creo que ha llegado la hora de pasar al blog las impresiones que me han dejado algunas lecturas.
He leído bastante en los últimos meses, pero la maldita pereza no me ha dejado escribir casi nada, así que iré poco a poco contando mi opinión al respecto de algunos de los libros que me han parecido interesantes por uno u otro motivo.

El turno de la primera reseña en la segunda mitad del año (tiene gracia: la segunda mitad del año para este blog empieza el 20 de Diciembre) corresponderá a un libro que me envío el autor en formato ebook.
Se trata de la esfera de Boltzmann, escrito por David Casas. En este caso, la novela va sola, sin vino, pues la leí en el trayecto al trabajo y, como comprenderéis, leer a las 6:30 de la mañana mientras degusto una copa de vino en el metro resultaría, cuanto menos, raro.

Un grupo de científicos ha encontrado la forma de dar utilidad a la constante de Boltzmann, (constante directamente conectada con la entropía y que relación a la temperatura absoluta y la energía, formando parte fundamental de la mecánica estadística).
El proyecto científico exige demostrar las hipótesis, y para ello preparan un experimento en el que los sujetos experimentales son ellos mismos. Construyen una esfera gigante donde por acción de los valores de dicha constante, por intervalos de tiempo, toda la entropía generada desaparecerá volviendo al punto ordenado de partida.
Un periodista será el sujeto externo al grupo científico que vivirá la experiencia para dar la necesaria credibilidad a los hechos una vez el experimento llegue a su fin.

A ver, se trata de una primera novela y eso se ve a la legua.
Evidentemente, teniendo en cuenta el tipo de lector, gustará más o menos. En mi caso, pese a que el estilo literario de David no me atrae demasiado, reconozco que la novela resulta más que entretenida y se lee muy rápido.
Esta rapidez de lectura se debe a varios factores:
En primer lugar, a capítulos cortos que hacen que la acción no decaiga.
En segundo lugar, a diálogos continuos sin ningún tipo de narración, descripción e interjecciones entre ellos.
En tercer lugar, a la cortedad de la novela, evidentemente.

Como es normal la novela tiene tanto aspectos positivos como negativos que conviene comentar para aquellos que estén interesados en leerla. También es verdad que, tanto unos como otros, son totalmente subjetivos.
Esta claro que el autor se ha informado bien, aunque el conjunto del experimento y algunas situaciones en concreto chirrían un poco para el lector neófito en estos aspectos de la física, como es mi caso, pero que, en general, casan bien en el conjunto final.
Se trata de una historia muy ágil que incita a querer seguir leyendo para llegar al final, aunque es cierto que, a partir de un determinado punto (casi la mitad) la novela adolece de un exceso de fervor sexual y leemos tanto folleteo, postura del kamasutra y sexo explícito que cansa cosa mala, y no sólo porque se suceden páginas y más páginas  narrando los 3 ó 4 polvos diarios, sino por la cochina envidia que produce.
He de decir que me encuentro ante una disyuntiva con respecto a la manera de representar los diálogos que hace David. Por un lado no me gusta nada, pues son diálogos puros, sin figuras descriptivas ni muecas, gestos y demás propios de los participantes, y reconozco que me gusta más amplitud literaria. Por el otro, ese minimalismo ofrece como contrapartida una fluidez mayor, pues se lee de carrerilla y abre mucho más la imaginación al lector al tener que situar él mismo los tonos y gestos de los personajes.

Estos están bien desarrollados, teniendo en cuenta la longitud de la novela, y se puede apreciar la evolución que sufren. Bien es cierto que no es evolución como tal, ya que todos y cada uno tienen unas motivaciones e intereses iniciales que no es que cambien, sino que se van mostrando poco a poco pero, aun así, en el terreno personal resulta coherente y creíble.

El experimento se desarrolla en dos partes: una primera en que se resetea, por decirlo de alguna forma, diariamente el entorno; y una segunda en la que también lo hace la memoria de los personajes.
Como ya he dicho, algunos puntos (que no voy a revelar) resultan difíciles de creer. 
Pero a partir de la segunda parte la historia gira de un proyecto científico a una novela de sabotaje y asesinato. Es en esta segunda parte donde se producen mayor número de momentos de incredulidad pues parece como si tras los reseteos fuesen capaces de recordar determinados detalles únicamente. El autor emplea la técnica de los diarios privados para ofrecerlos la oportunidad de recordar pero, el hecho de que todo tenga que ser informatizado hace que el conjunto no fluya bien en este aspecto y resulte un poco forzado.
Pese a estos detalles la novela funciona bien aunque, de momento y sin ánimo de ofender al autor, me la tomo como novela de playa, de fácil lectura y entretenimiento, sin más pretensiones.
Os animo a leerla si os sobran un par de días libres y espero que, ahora que ha empezado, y pese al poco tiempo que su trabajo le dejará para escribir, David continúe escribiendo y mejorando novela a novela.

lunes, 27 de junio de 2016

Todo en blanco y negro

Me encanta la literatura japonesa, pero hay tanta y tanta literatura de otros países que también me interesan, que no leo toda la japonesa que me gustaría. Por eso cuando vi en la biblioteca del barrio el pequeño volumen de Takiji Kobayashi, a quien nunca había leído, y observé un poco su biografía por encima, no dudé en cogerlo para conocer el motivo que había asustado tanto a las autoridades japonesas con respecto al autor y al libro en cuestión.

Como vino, en esta ocasión os hablaré de Corucho, un vino de la zona de Cadalso de los vidrios que me regalaron por mi cumpleaños y cuya etiqueta hacía juego con la portada de Kanikosen. Ese fue el único motivo por el que lo elegí para que formase pareja literaria.

Kanikosen es un librito de apenas 150 páginas que nos describe la experiencia de los trabajadores de un pesquero-factoría en alta mar. La pesca buscada en cuestión son los grandes cangrejos del mar de Kamchatka, y el temporal en alta mar obliga a los trabajadores a enfrentarse a circunstancias extremas aunque, sinceramente, no tan extremas como a las que los somete el representante de la empresa para la que trabajan.

Kobayashi escribe realmente bien, sin ambigüedades ni cortapisas. Va directo al grano y dice lo que tiene que decir sin importar la crítica ni a quien vaya dirigida y, visto lo visto, dadas las consecuencias, con una valentía tremenda al enfrentarse al régimen nacional imperante en Japón.
Entiendo que esta narración asustase al régimen, pues intenta crear un pensamiento crítico en la población, ofreciéndoles la oportunidad de ser entes individuales y libres, algo contraproducente para la maquinaria de producción japonesa que trata a los trabajadores como meros eslabones de una cadena en aras de una producción imparable y de unos beneficios económicos para los de siempre, aunque se esconda en la virtud del orgullo nacional.

Kobayashi nos muestra al colectivo pesquero y entiendo que, lo hace extensivo al resto de la población, como un grupo de personas totalmente subyugadas por los valores nacionales y que, con la ayuda de los rusos, comienzan a entender el concepto de proletariado.
Reconozco que me ha defraudado un poco la situación de la novela. Esperaba otra cosa, no sé, la acción revolucionaria de los trabajadores contra la opresión y la acción a nivel literario que se desprendiera de estos hechos; la descarga de adrenalina y de satisfacción personal al lanzar por la borda al opresor. Pero no ha sido así.

No sé que me sorprende más: si el grado de deshumanización a que llega el representante empresarial; el grado de des-implicación o desvinculación por parte del capitán del barco; o la falta de autoestima y el grado de sometimiento al que llegan los trabajadores.
Bueno, si lo sé. Lo primero y lo segundo lo presupongo: uno es capaz de llegar a cualquier cosa por su patria-empresa, su beneficio, sus objetivos personales; el otro, está tan sometido como los demás, pues su contrato está supeditado a la empresa, pero tiene cierto poder de decisión que no ejerce por miedo. 
Realmente lo que más me sorprende es la falta de fuerza del grupo. pese a reconocer los hechos como reales, me cuesta aceptar que se llegue al nivel de sometimiento y esclavitud al que llegan los trabajadores, que sean capaces de aguantar tantas vejaciones.
Es cierto, hay un conato de rebeldía pero que se aborta rápidamente por el capataz.
Hay un momento en que se lo ve realmente asustado pero, ¿y qué? todo se diluye y vuelve a tener la sartén por el mango, una sartén ardiendo que estampa en la cabeza de cualquiera, y ve como lo rodean cientos y, en lugar de abatirlo, todos se agachan.

Me ha dejado frío. Esperaba el levantarse de los trabajadores, pues me parece insufrible lo que soportan. Vale, no es comparable, pero quizás se podría trazar un paralelismo con la situación actual: la mayoría permanecemos amodorrados en nuestro sillón a no ser que lo que está sucediendo nos toque directamente y de lleno. Bueno, y tras la distopía que estamos viviendo tras el fin de semana, cada vez lo tengo más claro, este es un libro ideal para los españoles, cuanto más nos roben mejor. Pues entonces, seguro que también aguantaríamos tanto como los pescadores del Hakku- Maru. Ya dudo de todo.

Me estoy calentando, y empiezo a dejar píldoras de pensamiento que no corresponden a este lugar y con las que mucha gente no estará de acuerdo (me la pela). Mejor voy a parar y me enfrío comentando el vino.
Corucho que, como ya he dicho, se empareja bien con la portada de Kanikosen, es un vino elaborado con cepas viejas de uva garnacha. Es un vino de las bodegas Luis Saavedra, de la D. O. Madrid. En concreto la añada que yo probé es la de 2011 y su precio es de alrededor de unos 7 euros y medio.
En copa podemos observar un color cereza madura con ribete púrpura rojizo y una capa alta y densa.
Tiene una entrada fuerte en boca, con cuerpo y carácter. Se percibe el gusto de la fruta madura (cereza, mora y ciruela negra en compota). Es un vino sedoso y ligeramente glicérico con taninos maduros pero elegantes.
Deja un regusto amargo, como a endibia o achicoria, al final. Es un vino que mejora más y más con cada copa.
No tengo claro si me gusta del todo, aunque me parece un vino complejo y muy interesante.
Os recomiendo que lo probéis aunque imagino que no será del gusto de todos.

Bueno, recordando el vino ya me he relajado, volvamos al libro.
Es cierto que hay que tener en cuenta el momento en que fue escrito. Japón era una potencia orgullosa y herida, y el comunismo comenzaba su andadura triunfante en la Unión Soviética. Entiendo que los ánimos del pueblo llano estaban exacerbados y los rusos constituían los maestros perfectos para un cambio de rumbo en la ideología del país pero, está claro, que la ideología de las masas no era, es, ni será, la de los altos estamentos.

En esta novela se capta sobre todo este aroma. La flama nacional invade el barco dogmatizando a los trabajadores en aras de una responsabilidad y orgullo patrio, mientras que estos aguantan y aguantan. La mecha se enciende pero se corta antes de llegar al explosivo.
Duro y veraz, lo sé, pero me cuesta comprender este sufrimiento (en un pueblo en teoría libre, se entiende). Por eso no me ha gustado el libro tanto como esperaba. Quizás con el tiempo,  madurándolo en mi mente...

Al menos si conseguí el objetivo que me propuse: conocer el motivo de la inquina hacia el autor. Lo entiendo perfectamente. Kobayashi suponía un peligro claro para el establishment. Su novela fue un éxito que no pudo disfrutar mucho: "presuntamente" la policía japonesa lo torturó y asesinó dos años después en 1933.
El motivo de su muerte es más que evidente e injusto y contra toda libertad de expresión, opinión y crítica. Lo hemos visto a lo largo de la historia e incluso, recientemente ¿no?


Para concluir decir que ambos son buenos: libro y vino, pero ninguno me ha convencido del todo.

jueves, 16 de junio de 2016

El monstruo que viene a verme utiliza la magia del dragón

Hacer esta reseña me ha costado más de la cuenta, pues no sabía como hacerla sin spoilers a cascoporro. De hecho sólo con la sinopsis que yo pondría ya estaría contando la novela, así que esta vez me limitaré a poner el texto de contraportada.

Siete minutos después de medianoche, Conor despierta y se encuentra un monstruo en la ventana. Pero no es el monstruo que él esperaba, el de su pesadilla, esa que tiene casi todas las noches desde que su madre empezó el tratamiento, ese sueño tenebroso de la oscuridad y el viento y los gritos...
Este monstruo es algo diferente, antiguo... y quiere lo más peligroso de todo: quiere la verdad.

Desde luego mucho más romántico y misterioso que el resumen que yo habría hecho: con apenas dos líneas habría destripado la novela a cualquier posible pretendiente. Por eso, aviso, no soy dueño de mi a partir de ahora, los spoilers me resultan incontrolables en esta novela.

Pero tranquilos... que aún queda para llegar a ella. Seguro que ya estabais dando saltos de alegría: "Hurra, este tío se ha olvidado del vino, ¡celebremoslo!" Pues no, no me he olvidado, pero quería avisar de la complicación de esta reseña antes de nada.

El vino elegido le viene al pelo pues me ha gustado casi tanto como la novela. Se trata de un vino de la D. O. Costers del Segre, en concreto Drac Magic (6€) del año 2012 y cuyo productor es el bodeguero Tomás Cuisiné.
Un vino con un grado alcohólico de 14 y elaborado a partir de un coupage de uvas tempranillo, garnacha y samsó. Una maravilla de vino.
Visualmente es muy bonito, con un color cereza granate brillante y un ribete purpúreo casi azulado que deja pasar algo de luz a su través, dando unos reflejos violetas muy bonitos y con una lágrima densa que cae lentamente.
Al probarlo (ya sabéis que no voy a describir mis percepciones olfativas) la boca se llena de fruta madura con tendencias a frutas del bosque. Es un vino muy bien equilibrado con taninos maduros y golosos que llenan la boca y la secan invitando a beber más. Un vino untuoso, con cuerpo y de postgusto largo y dulce con un final ligeramente balsámico. Resulta muy interesante y exótico.
Es un vino para experimentar y jugar. Ideal para acompañar asados por su untuosidad, pero también para arroces, pollos a la parrilla e incluso algo agridulce o ligeramente picante tipo thai. Es un vino con el que me atrevería a comer algo exótico y afrodisiaco. Recomendado 100%.

Ante una recomendación tan entusiasta, el libro tiene que ser igual de bueno, está claro. Puedo reseñar un libro bueno y un vino no tanto, pero al revés no tendría sentido; al fin y al cabo, este es un blog literario.

Un monstruo viene a verme es un libro que entra directamente por los ojos. La edición es preciosa y las ilustraciones interiores a tinta, en parte me recuerdan a la antigua técnica de soplar la gota de tinta china y ver los trazos irregulares que iba dejando sobre el papel, son una autentica maravilla.
Si a eso le sumamos una edición en formato reducido y con una tipografía bonita, cómoda y de tamaño perfecto, empiezas a leer y la historia entra por si sola, como el vino.
Antes de que te des cuenta vas por la página 100 y por la tercera copa.

Patrick Ness escribe un cuento cogido de una idea original de la escritora Siobhan Dowd, fallecida de cáncer de mama en el 2007, y consigue una historia preciosa. Previsible desde la primera página, pero preciosa.

                                                                            El estilo de Ness es mesurado, tranquilo, pero contundente y muy realista de acuerdo con la historia de fantasía que pretende contar. Parece más un hecho real que una novela. Así de bien escrita está.
De tal modo que la llegada del monstruo, siempre a las 00:07, y las tres historias que ha de contar a Conor antes de que este le cuente a su vez su propia historia no hacen sino incrementar la belleza y la madurez de la narración. Madurez que, evidentemente proviene de la inmadurez y negación de la realidad, y hasta aquí puedo leer, y quizás haya sido demasiado.
Poco a poco, o muy rápido en realidad, la historia avanza, y los personajes que aparecen (los pocos) están realmente bien construidos, y sus credibilidad es pasmosa, tanto los humanos como el monstruo, y Ness consigue que epaticemos con ellos. Con unos más que con otros, claro, pero lo consigue.
Nos encontramos ante un relato de evolución personal. El viaje de Conor a través de sus miedos ha de completarse para llegar a crecer y afrontar la realidad: la verdad que le pide el monstruo. Monstruo que será el vehículo de conocimiento y desarrollo personal para este adolescente que se deja humillar para huir de la realidad.

Como he dicho, el desenlace es evidente desde el principio y, aun así, no he podido dejar de leer. Ness crea una historia irresistible. Tal vez haya quien crea que peca de ñoña, yo no, a mi me parece perfecta. No puedo ponerle ni un solo pero.
De hecho, he de confesar que, aun teniendo claro como acabaría la novela, ha sido tal el grado de compenetración con los protagonistas, que he llorado como un niño chico.
De hecho, pretendía que lo leyese mi hijo y, finalmente, he decidido dejarlo para más adelante; ya tendrá tiempo de sufrir.

No puedo decir más, pese a que rellenaría hojas y hojas, pero seguro que la cagaría más aún de lo que ya lo he hecho.
Os animo a leerlo sin tardanza. Más ahora, que empiezan a anunciar la película.

Una novela previsible pero emocionante, intensa, fantástica y, sobre todo, conmovedora.
Drac Magic, recomendado 95%.
Un monstruo viene a verme, recomendado 120%.

sábado, 4 de junio de 2016

No hay Espadachinas sin Armas (de guerra)

Hacía mucho que no leía nada de Robert E. Howard, y como tengo 3 pequeños libritos editados hace unos años por Biblioteca del Laberinto cogiendo polvo en la estantería, decidí que ya era año de leer alguno de ellos, por aquello de no tirar el dinero gastado, más que nada.
Así que decidí empezar por Espadachines, un tomo con historias de tres grandes mujeres de la bibliografía del genial escritor texano. De las tres, tan sólo creía conocer a Sonya la Roja, pero he visto que no ha sido como esperaba.
Preparado para enfrentarme a combates sin cuartel y a una lección de espada y brujería, pensé que el nombre del vino Armas de Guerra le veía que ni pintado. Un vino con uva Mencía, de la D. O. vinos del Bierzo.

El presente volumen nos ofrece cuentos de 3 damas, supervivientes y guerreras: la francesa Agnes de Chastillon; la pirata Helen Travel; y la mercenaria Sonya la Roja.
No puedo decir otra cosa salvo que me ha sorprendido la frescura y el buen hacer narrativo de Howard. Esperaba algo menos elaborado, más al estilo del Conan apresurado y rugoso cuyos combates son universales y apasionantes pero, no. Me he encontrado con tres cuentos de un Howard medido y depurado que ofrece mucha importancia a los personajes, proporcionándoles un carisma y fuerza muy interesante.
Es cierto que se ven elementos comunes en los tres: Howard presenta a personajes mujeres menospreciadas por los hombres, como género me refiero. Mujeres que han de forjarse un camino a base de la espada; y con un fuerte carácter que hace que se equiparen a los hombres. No faltará quien pese a su nombre siga pensando que el campo de batalla no es lugar para mujeres, pero la fiereza, voluntad y dureza de carácter que arrostran estas heroínas ya se encargarán de callar a los malpensados.
Evidentemente, para aumentar el poderío, las habladurías y la exacerbación de los deseos, Howard no queda conforme con imprimirles independencia, garra y temperamento, sino que también las hace altamente atractivas -se ve que Howard tenía pasión por las pelirrojas pues todas tienen los cabellos del color del fuego- (aunque pensándolo bien, es comprensible, el cabello pelirrojo denota poderío y pasión a partes iguales; conjugado con un cuerpo de infarto, uy, uy, uy). El amor jugará algún papel en sus historias, ya se trate de una obligación, una evasión de los recuerdos, o del deseo sexual que son capaces de despertar, aunque solo en la imaginación de los hombres.

Los cuentos se desarrollan en períodos históricos reales. Ni siquiera en el caso de Sonya la roja, de quien esperaba algo tipo Conan, se sale de este género. A posteriori he descubierto que la Sonya que yo esperaba encontrar (Red Sonja) es un personaje de los cómics basado en esta Sonya de Rogatino de Howard, pero no la misma. ¡Hasta aquí mi ignorancia!
Nos encontramos ante la historia de una mujer que huye de su forzada boda, en la Francia del XIV; de una mercenaria luchando por salvar el sitio de Viena; por último, una pirata surcando las aguas del Caribe.
Me ha resultado mucho más interesante de lo que esperaba encontrarme con estos momentos históricos y poder participar en mi mente de ellos, más que si hubiera sido una simple fantasía.
Los cuentos son de un protagonismo claro por parte de las mujeres (no hace falta decirlo, ya lo sé). El segundo de ellos, el de Sonya, tarda un poco más en llegar, casi medio cuento. Tanto que ya pensaba que era un error del libro y no salía la espadachín en este cuento. X) X) X) Ha sido el que menos me ha gustado de los tres, también hay que decirlo; siendo el primero de ellos, el de Agnes de Chastillon, el que más lo ha hecho. En este caso, he de indicar también que se trata del personaje más representativo, pues su historia se divide en este volumen, en tres cuentos casi correlativos en el tiempo.

Por último, lo que he dicho al principio: No tengo claro el lugar que ocupa esta novela en el corpus del autor. No tengo, ni he tenido ganas de bucear en su bibliografía para ver en que etapa de su corta pero productiva vida lo escribió, pero me parece una obra de cierta madurez narrativa; muy bien escrito y de tiempos y tonos medidos.

He dejado para el final el vino, pues en esta ocasión no lo voy a recomendar, así no aburro y quien se lo quiera saltar puede hacerlo sin problemas, pues la reseña literaria está durmiendo ya el sueño de los justos. El vino no es malo, claro que no, pero el nombre y la uva (tengo grandes recuerdos de situaciones en los que he bebido Mencía) dicen mucho más del vino que su sabor. Me ha defraudado y, por tanto, no os lo voy a recomendar, pero aun así os contaré un poquito sobre él. Al menos que conozcáis mis impresiones.
Se trataba de Armas de guerra, añada 2014 (4,40€).
Un vino joven de uva Mencía de las Bodegas Vinos de guerra y denominación de origen Bierzo. En copa resulta bonito: granate intenso con ribete púrpura y capa alta de fondo. Al trago se percibe un sabor frutal algo insípido. Ligeramente ácido. Con la tanicidad justa y un postgusto largo con recuerdos ligeramente florales. Me ha resultado un vino bastante plano al que no he sido capaz de sacarle nada especial.
Un vino que no está mal para el día a día pero que no me ha sugerido nada especial. Un vino correcto, sin el empaque de los vinos del Bierzo. 

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