martes, 29 de octubre de 2013

El pozo de la ascensión

 Teniendo en cuenta los tochos a los que nos tiene acostumbrados el señor Sanderson, decidí esperar a las vacaciones para disponer de más tiempo libre y poder hincarle el diente a los nacidos de la bruma. La verdad es que pese a sus muchas páginas, ofrece una lectura ágil y divertida que rápidamente quita la pereza que da leer un libro de este grosor.

Ha pasado un año desde que la banda de Kelsier derrocara al Lord Legislador. Vin se ha convertido en la nacida de la bruma más poderosa conocida, y Elend se ha alzado como nuevo Rey de Luthadel.
Pero no todo es tan idílico como pensaba cuando teorizaba sobre ideales políticos y filosóficos. Las brumas permanecen más tiempo durante el día, y han comenzado a hacer enfermar e, incluso, matar gente. Luthadel ha sido asediado por dos nobles (uno de ellos el padre de Elend) que quieren el famoso atium que, se supone, en algún sitio escondía el Lord Legislador. Una nueva religión ha surgido con Kelsier como su dios y Vin como su profeta.
El pueblo pasa hambre y cada vez hay un mayor clima de descontento y, por si fuera poco, un nuevo ejercito, esta vez de los poderosos y psicóticos Koloss, se acerca a Luthadel.

Tal vez Sanderson no sea el mejor escritor, ni siquiera mi favorito, pero sigo pensando que es uno de los mayores revolucionarios del género en los últimos años y cada uno de sus libros se convierte, para mi, en una celebración del gozo. Tal vez no sean perfectos, ni completamente redondos, pero ninguno de ellos me ha defraudado. Con todos he disfrutado y me lo he pasado en grande.

En esta ocasión el autor nos vuelve a traer a Luthadel, con los mismos personajes, aunque todo ha cambiado, y nos sumerge en una trama difícil. Difícil en el sentido de que abandona buena parte de la ventura que acompañaba a la primera parte y se sumerge de lleno en un terreno más escabroso, el de la fe, la política y la reconstrucción de un reino desde unos ideales utópicos. Un aspecto éste al que los lectores de fantasía no están tan habituados y que puede sorprender y no gustar tanto.
Se convierte esta reconstrucción en el leit- motiv de esta entrega, mostrándonos las dificultades de levantar un imperio desde sus cenizas. Así veremos como las ideas de Elend, convertido ahora en el líder de la banda, no son tan fáciles de llevar a la práctica, pues el pueblo busca comida y trabajo sin tener la responsabilidad de pensar, y tornando tiempos dolorosos en mejores que los actuales.
Sanderson se hace eco de la famosa frase del tío Ben al profundizar en la responsabilidad que conlleva el poder y afirmando que un buen revolucionario o ideólogo no tiene por que ser un buen dirigente, pese a la bondad de sus motivos.

En cuanto a los personajes creo que Sanderson sigue haciéndolos crecer poco a poco, introduciendo nuevos personajes en escena, como el nacido de la bruma Zane o la terrisana Tindwyl, dando una mayor importancia a secundarios de El imperio final, como Sazed y, por supuesto, Elend quien, a fuer de ser sinceros, no consigo entender como consigue que el resto de la banda lo siga, pues tiene menos carisma que Samsa Stark (uyyy, que malo). Aunque, he de reconocer que, junto a Sazed, nos brinda los mayores momentos de reflexión, al compararse con el Lord Legislador, al cuestionarse su propia valía de cara al amor y, al recapacitar acerca de la creación de héroes a imagen y semejanza de nuestras ideas. En este último sentido, en el de la capacidad del ser humano de crear un héroe a la medida de nuestras necesidades, cobra también importancia en la novela la religión, el ver como ante la necesidad de creer en algo, el pueblo inventa la religión del superviviente y se adapta a sus enseñanzas, pese a que en su momento no lo fueran.

Con la aparición de los Koloss, una raza de seres hiperbelicosos, de piel azul con un tamaño finito de piel que a medida que van creciendo se va desgarrando por la tensión, creada por el Lord Legislador; la revelación del secreto de los Kandras; y con las entradas del espíritu de la bruma y sus ataques a Elend, Sanderson se adentra en un terreno más inclinado a la especulación, en la que tal vez, en alguna ocasión lleguemos a epatar con el Lord Legislador y surja una pequeña duda en cuanto a sus verdaderos motivos o su maldad anteriormente aceptada, pues La Profundidad parece estar cada vez más cerca y, tal vez, el mundo ya no esté tan protegido como antes.

Del sistema mágico ya hablé en la reseña de la primera parte y aunque, en ocasiones, me ha vuelto a costar seguir el ritmo de tanto "tira" y "empuja", es cierto que resulta muy efectista e impresionante. Con la aparición de algún que otro metal nuevo, el sistema se engrandece y nos ofrece la duda de hasta donde podrá llegar.

Es cierto que la novela sufre altibajos, y hay momentos algo lentos, como la continua interpretación de las religiones por Sazed o las clases de etiqueta que Tindwyl da a Elend, pero hay otros que lo compensan con creces, como el ataque de Vin al cuartel de Cett, o la lucha ante la asamblea. A fin de cuentas, es difícil esperar que una novela de 800 páginas sea acción trepidante de principio a fin, también tiene que haber momentos de asueto narrativo aunque, dados los hechos descritos, no parece que puedan existir estos momentos de descanso.

En definitiva, me he encontrado con una novela de fantasía de la más alta talla. Algo más floja que la primera parte en mi opinión, es cierto, pero que acelera hacia la parte final dejando un dulce sabor de boca salivante que busca la continuación. Una novela muy recomendable si te gusta la fantasía. Brillante, original y algo más fácil de leer que las grandes y enrevesadas sagas fantásticas actuales.   

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